Las veces que me busco en un guiño de mentiras y verdades, con suerte o no, descubro en los fragmentos de un espejo roto una enorme serpiente devorándose a sí misma. Los motivos vuelven a ser los mismos: sigue el espejo, sigue la serpiente. Símbolo de qué. Símbolo de algo que no sé si llegaré a entender, y es eso: no sé, no puedo, no hablo.
Pienso en 108. Sé de amor, sé menos de indiferencia, nada de odio, pero algo va mal. Si se me siente de cerca, se puede oír. Como un chirrido constante y desagradable aunque sutil, es una epifanía de dolor de sienes, de dolor de estómago, de lo de ayer, de vísceras y mente, como un cielo blanco neón.
CREO que estoy en un precioso, plácido, verdísimo campo. Plagado de minas. Entonces, basta. Quieta. Me limito a observar, y lo hago mal. Después, la única voz que consigo oír es la mía. No sé de nadie más. Se hace de noche... supongo que el resto es silencio.
Pienso en 108. Sé de amor, sé menos de indiferencia, nada de odio, pero algo va mal. Si se me siente de cerca, se puede oír. Como un chirrido constante y desagradable aunque sutil, es una epifanía de dolor de sienes, de dolor de estómago, de lo de ayer, de vísceras y mente, como un cielo blanco neón.
CREO que estoy en un precioso, plácido, verdísimo campo. Plagado de minas. Entonces, basta. Quieta. Me limito a observar, y lo hago mal. Después, la única voz que consigo oír es la mía. No sé de nadie más. Se hace de noche... supongo que el resto es silencio.
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