Por qué habría que volver, por qué habría que arrancar las vendas, y a quién, por qué hay que mantenerse en pie si en el golpe final el músculo, la sangre, el hueso: la vida, se derrumba. Pero quién señala dónde empieza y dónde termina, y cómo, si la ceguera entraña luz, y para qué el por, para qué batallan, para qué yo, y qué es ego, sino tríada de mis lamentos.
Y la respuesta es tan simple y tan fácil. Por eso no hay que escuchar, ni leer, ni interpretar. Desligar, desatar, des des des y ya, qué pena y qué mal me sabe y cuánta culpa siento por lo mucho que todo me duele.
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