(...) estamos divagando sobre lo confuso y complejo de la naturaleza humana creyendo, inocentemente, que esto va a aportar algo en nuestra relación, que va a unirnos más. El hombre y su extraño complejo de confesor y confeso; la curiosa e inexplicable manía que tenemos de creer que cuanto más trascendentales, ergo, más repugnantes y oscuras sean nuestras confesiones, más cerca estaremos de la expiación, como si entre el oyente y el hablante se creara un vínculo -a mí parecer enfermizo- de confianza que es inquebrantable, nacido en un lóbrego y sucio confesionario, y así justificar lo insignificantes que somos para poder llegar al camino de la salvación, pero sin que nos juzguen. Y aquí estás tú - entonces me miró e hizo una mueca parecida a una sonrisa y le tomé la foto -, ¡no!, bueno, en fin, sonriendo como un idiota, sacándome fotografías mientras te hablo -aun sabiendo cuánto lo detesto-, cuando deberías estar cabreado conmigo, estoy diciendo que mi relación contigo es una pérdida de tiempo ¿es que no te das cuenta?(...)
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