jueves, 6 de noviembre de 2008

Definitivo

Nacer y recibir la vida y la muerte, la libertad y las cadenas. Obtener la grata luz de la razón y la infinita oscuridad de la ignorancia, el consuelo y el suplicio de saber que existimos. Ser condenados a la nada del olvido, al todo del recuerdo. Iniciar el camino con cuatro sentidos hasta erguir la figura y las ideas para empezar a comprender. Creer que el viaje y nosotros seremos eternos, sobreponer pasión a juicio, subvertir lo que está y lo que no está escrito porque "estar de acuerdo es la peor de las ilusiones". Experimentar el mundo y entender que amor y odio coexisten en armonía. Concienciarse de la severidad del tiempo y fingir la conformidad del final que reserva su juego. Mentirse, pretender hacer creer que es posible competir contra las manillas del reloj, iniciando una absurda carrera para huir de lo que es inapelable. Jadear, escupir los minutos y los segundos y las horas, arrastrarse hasta la meta, sangrar hasta la esperanza, vomitar el alma y el corazón. Rendirse -¿o dejarse ganar?-, "leaving home after living alone", caos, vacío, silencio, nada.

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