"Las honorables hormigas comienzan su obra desde el hormiguero, y probablemente la finalicen con el merecido reconocimiemto a su constanca y carácter positivo. Pero el hombre es un ser superficial y deshonesto que, al estilo del jugador de ajedrez, gusta más del camino que conduce a la consecución del fin, que el fin en sí mismo. Y quién sabe (nadie está seguro), puede que incluso, la finalidad hacia la que tienda la humanidad entera consista precisamente en ese inerrumpido proceso de consecución, o dicho de otro modo, que en ello consista la vida misma, y no exactamente en la finalidad que debería, a su vez, ser algo más que "el dos por dos son cuatro"; o sea, que debería ser algo más que una mera fórmula, pues "el dos por dos son cuatro" ya no es vida, señores, sino comienzo de la muerte. En todo caso, el hombre siempre ha temido algo ese "dos por dos son cuatro", y yo, todavía sigo temiéndolo. Supongamos que el hombre no hace más que buscar esos "dos por dos son cuatro", cruzando los océanos y arriesgando su vida durante la búsqueda, pero que realmente teme encontrar lo que busca. ¡Por Dios que lo teme! (...) Pero ¿adónde se dirigirá el hombre? Puesto que se le ve cada vez más incómodo tras la consecución de semejantes finalidades. Aunque ame la finalidad, no le ocurre lo mismo con la consecución, y esto, claro está, resulta muy gracioso. En una palabra, la naturaleza del hombre es cómica; y seguramente en ello esté el retruécano. Pero "el dos por dos son cuatro", es, a pesar de todo, algo insoportable. "Dos por dos son cuatro", se pavonea, atravesándose en medio del camino con los brazos en jarras y nos lanza un escupitajo. Estoy de acuerdo que "dos por dos son cuatro" es algo maravilloso; pero si se trata de reconocerlo todo, entonces habremos de decir que, "dos y dos son cinco" también puede ser a veces algo mucho más atractivo".
Memorias del subsuelo (1864)
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