Dicen que los miopes* lo somos porque cuando éramos críos nuestros ojos se cansaron de ver lo feo y absurdo de las cosas y renunciaron a ejercer su tarea primordial, que se supone que es la de ver con nitidez. De lo que se deduce que probablemente los miopes son personas sensibles y con tendencia a huir de la realidad, aunque se diga lo mismo de tantos otros.
La miopía suele afectar a la visión respecto a distancias medias/largas (en función de la gravedad del caso) y suele generar un paisaje borroso y confuso, lo que puede llevar al miope a experimentar situaciones bochornosas (confundir a un indigente por un amigo, por ejemplo) o desagradables (agarrar un insecto cualquiera con determinación creyendo que es una pinza para el pelo, que sería otra opción no poco común), entre otras. Sea como sea, generalmente los que padecemos miopía no nos sentimos muy cómodos con esta deficiencia, y de ahí el uso frecuente de gafas y/o lentes de contacto (depende de lo práctico y/o presumido que sea uno).
El caso es que la miopía, que de por sí no parece ofrecer muchas ventajas, parece tener una, y es la de permitir escoger al miope si durante un día o un paseo verá las cosas con claridad o no. La manera de lograrlo es muy sencilla: sacarse las lentes. No es de extrañar que cuando uno toma esta decisión sea después de haber compartido milímetro cuadrado con cinco personas más en el tren, o después de haber aguantado una cola soporífera para que al final le digan a uno "vuelva usted mañana".
Todo aquello que antes se presentaba de forma clara y distinta (y por lo tanto se mostraba grotesco y gris) se convierte en una especie de cuadro impresionista, aunque siga siendo evidente que su autor carece de virtuosismo técnico y le sobra el mal gusto. Pero todo sea por acallar a la mente.
Todo aquello que antes se presentaba de forma clara y distinta (y por lo tanto se mostraba grotesco y gris) se convierte en una especie de cuadro impresionista, aunque siga siendo evidente que su autor carece de virtuosismo técnico y le sobra el mal gusto. Pero todo sea por acallar a la mente.
Entonces uno empieza a dirigirse por las calles con el paso más lento y dubitativo. Los más cobardes (yo) con las gafas siempre a mano por si se intuye algún peligro o por si la curiosidad por ver es más poderosa que la curiosidad por no juzgar.
Lo interesante es que en el paseo, que pretendía ser una tregua para con uno mismo y con el mundo -como lo debería ser todo ejercicio meditativo-, la mente del temerario transeúnte parece acentuar la tendencia a la clasificación dicotómica del mundo: se defiende. Aunque también cabe la posibilidad de que el maniqueísmo sistemático sea tan habitual que uno sólo pueda percibirlo en situaciones extremas como ésta. Sin ver del todo, uno ve el funcionamiento real del sistema.
Esa señora es vulgar; ese niño que se señala el pito es simpático pero su madre conservadora y aburrida; estas calles son deprimentes; este día es bonito; qué mal huele aquí; la humanidad es odiosa; ese cartel tiene faltas de ortografía; ese chico es guapo ¿y afeminado?; 1, 2, 3 el aire entra; aquí todo se mueve lento; ojalá llegue a casa pronto; faltan ingredientes para la cena; 1, 2, 3 el aire entra; pero qué tío cretino; no, es ignorante; por qué es tan difícil conseguir que se calle; no hay forma; 1, 2, 3 el aire entra; 3, 2, 1, el aire sale; bueno, ¡por fin!; ¡no!; 1, 2, 3 el aire entra...
Esa señora es vulgar; ese niño que se señala el pito es simpático pero su madre conservadora y aburrida; estas calles son deprimentes; este día es bonito; qué mal huele aquí; la humanidad es odiosa; ese cartel tiene faltas de ortografía; ese chico es guapo ¿y afeminado?; 1, 2, 3 el aire entra; aquí todo se mueve lento; ojalá llegue a casa pronto; faltan ingredientes para la cena; 1, 2, 3 el aire entra; pero qué tío cretino; no, es ignorante; por qué es tan difícil conseguir que se calle; no hay forma; 1, 2, 3 el aire entra; 3, 2, 1, el aire sale; bueno, ¡por fin!; ¡no!; 1, 2, 3 el aire entra...
Así es como se cierra el círculo. El que no ve es el que más ve: el clown, el loco, o Tiresias. La miopía, que pretendía ser bálsamo por aquello de "el infierno son los otros", en realidad lo es para el infierno que lleva consigo cada individuo. Sólo es cuestión de sacarse las gafas.
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*El "dicen de..." lo empleo porque alguien en alguna ocasión que no sé ubicar en el espacio ni el tiempo me explicó lo que se narra a continuación. Desconozco la veracidad del asunto, pero en fin, me ampara la ficción literaria.
2 comentarios:
Qué no hayan oídos miopes que integren tus verdades!
Qué no hayan oídos miopes que integren tus verdades!
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